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sábado, 8 de octubre de 2016

El mercado firme para los conciertos está en la música clásica



Por Gustavo Britos Zunín



Creo adivinar lo que se puede estar pensando después de este título. ¿No está decayendo en el mundo? ¿No es imperioso crear nuevos públicos, para que la música clásica no muera? ¿No es cierto lo que desde todos lados surgen comentarios, protestas y artículos a través de Internet?

Vayamos a algunos hechos concretos.

En mi artículo sobre el analfabetismo musical del número de octubre de la revista Conexión Música mencioné a propósito un software capaz de optimizar el trabajo de los compositores de música clásica, y también el de los estudiantes de cualquier instituto serio. Pero la tendencia, por mayoría en el mundo, es a usar esta herramienta digital para componer casi exclusivamente música pop. Y se entiende la causa. El software también permite componer sin saber demasiado de música y sin necesitar de una formación académica. Así que se ha convertido en un embudo por donde entra a chorros nada más que una clase de alumnos, los que quieren las cosas fáciles, rápidas, los que quieren que todo sea veloz y ni paciencia tienen para ponerse a escuchar una música que dure más de 3 minutos a lo mucho, con frases musicales repetitivas. ¿Una contradicción con el tema planteado? No exactamente. Por supuesto que ahí queda involucrada la cuestión de un analfabetismo musical progresivo, y sus consecuencias que deberían ser atendibles, pero esto no quiere decir que ése sea el único público existente ni mucho menos.

En Uruguay pasó algo parecido en los años 70 del siglo pasado. La guitarra se puso de moda de repente y los adolescentes se volcaron en masa hacia academias y profesores que enseñaban a "rascar" cuatro o cinco acordes para acompañar una canción que querían cantar. Fue un negoción y ni siquiera había que enseñar a leer las notas. Muchos dijeron, furiosos, que aquello iría a terminar con los que quisieran enseñar y aprender a tocar la guitarra en serio leyendo partituras. Pero no fue así. Nunca dejó de haber buenos profesores, ni alumnos jóvenes de guitarra que aspiraran a otra cosa mejor. A pesar de todo ese antecedente, la escuela guitarrística uruguaya sigue manteniendo hoy su prestigio internacional.

También pasó lo mismo con los famosos tecladitos electrónicos de 4 octavas y los cursos rápidos que ofrecían los vendedores de esos instrumentos, en todos los países del mundo. Tuvieron, y tienen, un determinado público consumidor. Pero siguió y sigue habiendo quienes quieren estudiar piano y que si deciden comprar uno electrónico compran el que tiene 88 teclas y pedales, e incluso nunca se dejaron de fabricar ni vender pianos acústicos.

Sin embargo, a pesar de que todo esto es absolutamente real, hoy se dice en el mundo que la música clásica "ya fue" y se vaticina su irremisible desaparición. ¿Por qué? Porque - se dice - es del gusto de los ancianos. Pero ¿cuántas veces ya se dijo eso antes? ¿Es que nadie ve que esos ancianos de hoy vivieron sus años mozos en aquella época de los años 60, donde el eslogan de moda era "la música para la juventud" y todo lo demás era anticuado y llamado a desaparecer? ¿Nadie ve que hoy, pese a aquellos vaticinios, hay gente de 18 ó 20 años estudiando en conservatorios, integrando conjuntos de música barroca o siendo parte de orquestas sinfónica en el mundo?

El mercado está ahí, y lo que el tiempo demuestra es que es un mercado muy persistente - lo que no es poca cosa. Que se diga que a los políticos eso no les interesa, que hasta se vea que los hay quienes quieren tirar abajo la cultura, aunque sea cierto que a las empresas multinacionales de espectáculos les interese hallar maneras de vender basura, y por cierto todo eso también es un hecho… pero no invalida lo otro y "aquel" otro público sigue ahí. ¿Cómo respetarlo? Esa es la pregunta, cómo respetarlo.



Salvo excepciones claro está, no es muy simpático que a uno lo señalen como parte de una élite apartada del mundo. Es bastante irrespetuoso. A ver, ¿es cierto que la música clásica tiene una connotación de élite? ¿Será por eso que hay tanta gente que no le atrae ir a un concierto? ¿Habría que limpiar la ceremoniosidad y ser más distendidos? También se ha dicho todo esto. Pero ¿es que nadie nunca vio cómo se usa la palabra "concierto" para jerarquizar un espectáculo pop? ¿Nadie vio que ya hace un siglo que no se ve a nadie vestido de frac para asistir a un concierto de música clásica?, y - entonces - ¿qué importancia tiene organizar ahora uno donde el público vaya vestido como le dé la gana? Y en la contraria, ¿nadie vio shows donde desde los presentadores hasta los propios artistas pop se visten de gala? ¿Nadie observó el entorno "clasista" – sea dicho con ironía – en las ceremonias de entrega de los premios Grammy, por ejemplo, en donde predomina el pop pero hasta el público viste de primera línea?


O sea, si el género pop busca, pareciera que muy evidentemente, jerarquizarse recurriendo a costumbres atribuibles a la música clásica... ¿dónde está el problema, en realidad? ¿Qué se puede ganar haciendo que los músicos de una orquesta sinfónica toquen de vaqueros y camisas sueltas? El problema no está en cuestiones de imagen.

Para que se entienda fácil lo que quiero decir, la cuestión no está en tirar abajo la imagen que tiene la música clásica, sino en educar a la gente en un sentido parecido a la literatura. No todos leen una novela genial en un libro de 400 páginas, ni todos escuchan una sinfonía de 45 minutos de duración, pero a nadie se le ocurriría decir que porque hay un montón enorme de gente que lee nada más que frases cortas en las revistas de chismes y noticiones de escándalos de artistas de la TV, para enterarse de si fulano o mengano se peleó con una modelo que era su novia, entonces, por eso, ¿para qué nos vamos a preocupar en tratar que desde la escuela los niños, y más tarde los jóvenes, vayan siendo alentados a poder apreciar el buen arte literario? A ningún pedagogo se le ocurriría decir eso, y pelará duro si a los políticos se les ocurre decir eso, pero... si de música se trata, es grande la cantidad de pedagogos que siguen pensando en sistemas de hace tres siglos o, si no, enfatizan en que a los niños hay que enseñarles algún “chingui-chingui” como "música infantil" sin pensar en que justo a esas edades es que la ciencia investigó que se forman las preferencias musicales para toda la vida.

La alarma general acerca del destino de la música clásica viene de que se está tratando de alcanzar una clase de público, mientras se está casi ciego frente al público que pertenece al mercado más persistente que cualquier otro en la música. La cuestión no está en si hay mucha o poca gente que escucha a Beethoven, sino en que todavía hay gente que lo escucha incluyendo jóvenes. Cuando asistimos a una ópera, la cantan los jóvenes y no unos cuantos viejos caducos con voces cascadas, y Verdi o Donizetti siguen vigentes. ¿Quién recuerda hoy, en el siglo XXI, a la mayoría de las estrellas pop que hacían furor en los años 50 ó 60 del siglo pasado? Pues casi nadie, excepto… los ancianos. ¿Y eso quiere decir que el género pop está en crisis? ¿Que hay que crear nuevos públicos? Claro que no, y esto es algo que los promotores en el género saben muy bien, y es por eso mismo que respetan a su propio público y constantemente tratan de ser creativos para mantener constante el interés a toda costa. En la música clásica, en cambio, no. ¿Por qué no? El meollo está en que el género clásico se distingue porque incluye valores artísticos permanentes que se pueden enseñar a apreciar, pero eso no se atiende en la medida suficiente. Hay algo que pasa a la vez por la educación y la publicidad, y son dos aspectos descuidados más de lo que se cree.

La pedagogía de la música está desinformada respecto a lo que la ciencia moderna le puede aportar, mientras los medios publicitarios recién están despertando a la modernidad cuando promueven la música clásica y no siempre son buenos los métodos ni los resultados de ese despertar.

No nos preocupemos tanto de que haya quienes esa música no les entre en el oído ni con un taladro. También hay gente – de todas las edades – que jamás le interesa leer literatura que valga la pena. “La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta” – ha dicho el escritor británico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) en cierta ocasión refiriéndose a un fenómeno que tampoco es exclusivo de hoy. Dejemos de gastar energías, ingenio y dinero en apuntar equivocadamente hacia el público más reacio. Respetemos en cambio al público constante, el que también equivocadamente se le quiere llamar de “élite”, y dejemos de lamentarnos de que la mediocridad está cundiendo.

Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, no sería sensato ignorar algo antes de terminar este artículo. Ya lo he dicho en otras oportunidades. La falta de información, en cualquier terreno, es un hecho grave. Tan grave que permite orientar a voluntad la opinión pública. Cuando una sociedad entera cree que la información que recibe con insistencia cada día es la verdad absoluta, la gran mayoría comienza a comportarse en forma dirigida por las mismas informaciones.

En la música esto va mucho más allá de aquella famosa “guerra” entre manifestaciones cultas y populares y las teorías en boga sobre la "inclusión". Si todos los medios, la TV, las emisoras de radio, los diarios y revistas, las editoras de CDs y DVDs, los grandes shows para multitudes, todo, absolutamente todo demuestra hasta mediante estadísticas “cual es” la música preferida por todos, parecería un hecho incontestable. Tan incontestable como que hay millones de personas que, por simple ignorancia, creen que eso que siempre se escucha es“la música” y ni imaginan que exista algo diferente.

No sería inteligente negar un hecho real. Sucede que la orientación planificada de las preferencias musicales del gran público es uno de los ejemplos más sutiles del marketing. Lo que llama más la atención es la forma como se podrían objetar las preferencias, no tanto subjetivamente, sino más bien desde el punto de vista de la psicología del marketing empresarial. Si yo fabrico determinados productos y consigo inundar el mercado, al poco tiempo el público irá olvidando casi todos los demás productos por falta de oportunidades para comparar. Las ventas serán seguras por la monopolización del mercado. Una vez alcanzado ese objetivo, si alguien tuviese una idea tan estrafalaria como preguntar si será verdad que todos estamos consumiendo productos de alta calidad, esa persona sería una rareza.

Todavía no se llegó hasta ese punto, pero parecería que se va en camino. Quien no tuviese conocimiento previo, no tendrá oportunidad casi ninguna de saber que la música clásica existe. Este sí es un peligro y en donde se lo ve más acentuado es en los países sudamericanos - sin que sea exclusivo de esta región.

Esta salvedad nos debe alertar, todavía más, para cuidar - y respetar muchísimo - al público que sigue demandando escuchar música clásica y también estudiarla.

-o0o-

NOTA: Este artículo es reproducción del publicado en el Blog de Conexión Música

domingo, 27 de diciembre de 2015

REFLEXIONES HACIA EL 2016


Al reciente anuncio de un recorte de 65% del presupuesto para la Filarmónica de Montevideo, en tanto Centros MEC (Ministerio de Educación y Cultura) ha decidido no dar más apoyo a la REVISTA SINFÓNICA (única publicación que entrevista, promueve, difunde, alienta a los artistas nacionales, a aquellos que están comenzando y a los consagrados) por no adecuarse a los fines de dichos Centros, se suman ahora las últimas declaraciones de Gerardo Grieco - director del Auditorio Nacional. Son hechos que llevan necesariamente a hacer algunas reflexiones.

Decía Gerardo Grieco al diario EL PAÍS refiriéndose a la programación prevista para 2016:
     
  • "Es vital para nosotros que este no sea un teatro elitista, que no se vuelva una acción dirigida a un núcleo chiquito de expertos o melómanos, sino que sea una organización que está al servicio de la comunidad"

En otras palabras, sea dicho sin eufemismos, el objetivo es la taquilla, y el público de la música clásica debe quedar  relegado porque es una élite "chiquita" y, en cambio, hay que servir a la comunidad con espectáculos comerciales. Pocas veces se ha visto un desprecio tan grande a la capacidad del pueblo uruguayo para apreciar las más altas manifestaciones del arte de la música.

¿No hay algo raro en todo esto?    

Esa orientación hacia la música olvida ex profeso antecedentes importantes que son imposibles de borrar a propósito de lo que significó para Uruguay el incendio del Estudio Auditorio del SODRE:


“El 18 de setiembre de 1971 un incendio destruyó el edificio del Estudio Auditorio del Sodre, sede de los cuerpos estables, destacando los conciertos semanales de la Orquesta Sinfónica que, en ocasiones fue dirigida por las más célebres batutas del mundo y las Temporadas de Ópera que entusiasmaban a los amantes de la lírica”
(Revista Dossier - 19/09/2013)
El 18 de setiembre de 1971 un incendio destruyó el edificio del Estudio Auditorio del Sodre, sede de los cuerpos estables, destacando los conciertos semanales de la Orquesta Sinfónica que, en ocasiones fue dirigida por las más célebres batutas del mundo y las Temporadas de Ópera que entusiasmaban a los amantes de la lírica. - See more at: http://revistadossier.com.uy/acervo-cultural-y-patrimonial/42-anos-del-incendio-del-sodre/#sthash.Ww6JoMsQ.dpuf

¿Eran para una élite pequeña aquellas presentaciones semanales de la orquesta sinfónica? ¿Era una minúscula élite la que justificaba traer las batutas más importantes del mundo y hacer temporadas importantes de ópera? Evidentemente no, no era así, y el éxito de taquilla en la venta de abonos y las entradas agotadas para casi todas las funciones, demuestran claramente lo contrario al enfoque actual. Lo que llama más la atención es que el desprecio por la música clásica nunca, jamás, la alude de manera directa. En cambio, se alude a su público de maneras peyorativas calificándole de "élite", como si se tratase de gente que necesariamente vive y piensa de manera aristocrática. Así que vale insistir: ¿por qué no se dice bien claro, y de una vez, que se cree que es la música clásica - no la élite - la que se debe relegar a un plano bien inferior en la programación de espectáculos? 

Parecería que la causa es obvia, es duro aparecer como queriendo pisotear la cultura. Excluir a una élite, sin duda es más elegante hasta en términos democráticos. Por eso quizá ya sea hora de hacer un planteo distinto, tratando de entender mejor las motivaciones profundas que sustentan la orientación que hoy vemos. 

En la búsqueda de reafirmar una identidad.

Cada vez que se quiere circunscribir la música a visiones regionalistas, de clase social y aun de  representaciones ideológicas, el resultado es un estancamiento cultural. Lo delicado del asunto es que esa clase de orientaciones no sólo son excluyentes, sino también muy poco educativas. Por ejemplo, podemos recordar que el piano fue prohibido en China durante la revolución cultural (1966-1976), por considerárselo representativo de la herencia cultural occidental. De no haberse reaccionado contra aquel enfoque tan estrecho, los chinos habrían terminado por ignorar la existencia de las obras de todos los compositores importantes de la historia, y no sólo las obras para piano.

Y esto plantea qué es lo que se podría entender correctamente como música de valor universal.

Si hoy decimos que la música de Beethoven es universal, no es porque el compositor haya nacido en Europa y que su música sea parte de una herencia cultural que reverenciamos por hábitos adquiridos. Al contrario, es porque su música sigue siendo comprendida por los pueblos de cualquier país del mundo. Por cualquier país, claro está, que no se haya encerrado en sus propias fronteras culturales ignorando ex profeso a todo el resto de la música.

Todos los géneros musicales son válidos y respetables, naturalmente, porque son parte de la riqueza de un “lenguaje” que arraiga en la más remota prehistoria de la humanidad. No debemos perder de vista algo muy importante: la música popular siempre fue – y será – la raíz de la música clásica (académica, culta, seria, rigurosa... vaya, ¿es que importa tanto la nomenclatura, si podemos identificarla tan fácilmente?), pero la raíz es tan sólo la base de un crecimiento. Hay tantos ejemplos de ese crecimiento en todas las épocas y países, que sería interminable enumerarlos.

Todavía podemos añadir que ocurre, como en todas las manifestaciones del arte, que hay diferentes grados de riqueza y profundidad en el contenido transmitido a través del conjunto de obras de un compositor. Ahí ya será quizá la Historia que tendrá la palabra. ¿La obra dirá algo a las generaciones de aquí a dos o tres siglos? Si así fuese, y aun si hubiese sido temporalmente olvidada y después redescubierta, tal como ocurrió nada menos que con la obra de Juan Sebastián Bach, podrá convertirse en parte del lenguaje de la música universal, porque habrá conseguido trascender épocas y fronteras estéticas.

Sin embargo, esta oportunidad futura puede depender mucho de las oportunidades en tiempo presente. Y en este punto es donde hay síntomas de un propósito bien definido, si se observan los hechos.

¿Hacia un nuevo clasismo cultural? 

Si quienes se ocupan de difundir la cultura tratan de crear una división donde se le dé importancia excluyente a toda aquella música que no sea la popular y “latinoamericana”, se está impidiendo en tiempo presente un desarrollo histórico. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que hay que tener cuidado con un enfoque que quiere perpetuar expresiones musicales en su estado originario como espectáculo identitario, sin cambios ni desarrollos que las pudiesen alterar, casi que "deformarlas" o, peor todavía, que... ¡que evolucionaran hacia algo parecido a la música "clásica"! - porque ésta proviene de "la invasión de Europa".  Según tales inclinaciones  habría que matar cualquier brote de la raíz, si apuntara en esa dirección.

¿Y cómo se consigue? En Uruguay las revoluciones culturales no se pueden hacer en base a prohibiciones. Lo que sí se puede hacer es recortar drásticamente el financiamiento a las orquestas sinfónicas, no debe haber dinero para grandes temporadas de ópera ni ballet, hay que conseguir que a cualquier músico dedicado al género clásico, sea intérprete o compositor, se le ignore y no tenga de qué vivir. El resultado por la fuerza quedará asegurado.




Esta es una nueva forma de clasismo en donde “el pueblo” ya no necesita ir a un concierto sinfónico con obras de Mozart para ser culto, ni a una ópera de Verdi o un ballet de Tchaikowsky. Por eso, financiar orquestas sinfónicas que después interpretarán a Beethoven o Brahms para deleite de una élite - sin duda cada vez más "chiquita" - de melómanos nostálgicos sería un rotundo despilfarro de dinero, según ese punto de vista. Es que no es una cuestión de disponer o no de dinero, tan sólo. No. La nueva clase culta puede pagar entradas de mil o dos mil pesos y más para asistir a un espectáculo pop, mientras que la “élite” ahora tiene el privilegio de asistir gratuitamente, o por cien o doscientos pesos, a un espectáculo de música clásica... en donde los músicos cobran poco o nada por actuar.


Se han hecho muchas bromas de humor negro para expresar algo que es pavoroso. El desprecio a los creadores e intérpretes de un género de música que, difícilmente se podría discutir, es el más exigente de todos tanto en la perfección interpretativa como en la técnica,  donde la composición de una obra puede llevar un tiempo y dedicación más que considerables, con esfuerzos de la imaginación y múltiples fuentes de inspiración, el desprecio a todo ello llevará derecho a la letra muerta.

Y la letra muerta es todavía peor que la ignorancia. Se puede dejar de ser ignorante, pero jamás se podrá conocer lo que nunca fue escrito. Cada vez que un compositor deja de escribir, muere su arte venidero. Cada vez que un joven desiste de pensar en ser compositor, nunca sabremos qué podría haber escrito. Siempre que una persona renuncia a ser ejecutante profesional de un instrumento, al ver que no le dará para vivir, le deja al compositor un vacío y le da una señal para que abandone la composición, pues ¿quién habrá para ejecutar las obras? Si por falta de recursos desaparecen las orquestas y los solistas, la señal ya será muy, muy fuerte. Una parte de la historia del país, se habrá detenido.

Restaurar el daño podrá llevar décadas, por efecto de la inercia.

GBZ

lunes, 7 de diciembre de 2015

El problema no es de sencilla explicación.

En febrero de 2015 se presentó en Beijing la ópera "El Caballero de la Rosa". Según consignan las críticas el éxito superó al de las óperas del repertorio tradicional. Esto nos merece varias reflexiones. 


Las llamadas óperas tradicionales, sea belcantistas, veristas, etc. generalmente apelan a sentimientos no diría universales, pero son permeables a diferentes culturas. La ópera de Richard Strauss parece lo más alejado de eso que se indefine como "identidad nacional", en este caso referida a la cultura china. China, país de sistema político comunista y economía heterodoxamente capitalista, parece haber entendido que luego del desastre de la llamada "revolución cultural", debía revertir su atraso, precisamente cultural. Y no solo China, sino otros países de Oriente comenzaron a mirar a Occidente y hoy es fácil advertir la presencia de músicos de esas procedencias, sea en orquestas, sea en óperas, recitales y conciertos. En otras palabras, parece que han entendido que la palabra "inclusión" tiene un sentido más vasto que apelar al nacionalismo cultural. Mientras tanto, aquí en Uruguay se ha desvalorizado la música clásica a un punto tal que solo una reacción fuerte de quienes desde diferentes ámbitos deben cumplir con el lema de "sean los orientales tan ilustrados....." (ya sabemos como sigue) podrá al menos alertar sobre esta penosa situación. En el panorama de la música clásica esa premisa artiguista no se cumple. Se ha optado por apoyar un nacionalismo mediocre y en todo caso más comercial que cultural. La perla de estas irracionalidades será sin duda el Concierto de salsa y lo que venga en el Auditorio Nacional con la Orquesta Juvenil. Los grandes compositores uruguayos de ayer y de hoy siguen en el olvido, al igual que los artistas de música clásica, al punto que una pianista ha sentido ser "una especie en extinción".

Es el momento de reaccionar.

En la edición de mayo de 2015 de la revista ÓPERA ACTUAL se lee la "corta historia del NPCA (Centre for the Performing Arts") ya suma 36 nuevas producciones de ópera occidental, teniendo como objetivo llegar a la meta de las 50 en 2017". Teniendo en cuenta los tiempos chinos es muy posible que se llegue a esa meta.

Es incomparable la demografía china con la uruguaya. Pero el punto es otro. En China parecen haber comprendido el error de la Revolución Cultural de los años 60 y han entendido que la música es un arte universal y que las lamentables políticas nacionalista populistas (que no es lo mismo que nacionalistas) implican un retroceso cultural.

Nadie en su sano juicio puede trasladar la experiencia china a la uruguaya, pero se debe aprender que el empobrecimiento cultural es irreversible. Daña a generaciones, las priva de futuro. Creer que la música clásica es aburrida es propio de gestores que solo piensan en la mercancía y no en la perspectiva de una sociedad que merece los mejores productos culturales.


Y aquí una pausa. Más allá de las responsabilidades gubernamentales, estimo que se ha enquistado en la sociedad la idea de que se puede prescindir de los bienes culturales, o bien, que cuando hablamos de ellos los enfocamos en un sentido de exclusión. Valga la paradoja, para incluir hay que excluir. Murga vs. Misa en Si de Bach.

Decía que el problema no es de sencilla explicación. El Estudio Auditorio se incendió en 1971. En 1985 se inició la etapa de reconstrucción. Luego, cinco años sin obra, luego cinco años en que algo se hizo, luego, otros cinco con la obra detenida. Recién en 2009 se pudo inaugurar el Auditorio Nacional.
Pero un teatro no es solo un edificio, es también un alma, un ansia de mejora, una exigencia de calidad, debe ser un espacio de convivencia y ello ya implica la idea de inclusión. De inclusión al rigor y no a las baratijas que nos aportan los gestores. Pobre el país en el que los gestores culturales abundan en detrimento de los hacedores de cultura.  Solo pido que pasen los ojos por la web de la NPCA de China para ver cómo encara un país de signo socialista su programaciónhttp://www.chncpa.org/ens/

Y podemos incluir páginas web no ya de Nueva York o de París, sino de nuestros vecinos latinomericanos, como por ejemplo el Teatro Colón de Buenos Aires, o el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, entre otros, quienes no han tenido que pedir perdón por tener orquestas que toquen Beethoven y otros más antiguos y modernos, así como a sus compositores. Es probable que también en esos países haya problemas, pero estos nos enseñan a no cometer errores.

Jorge González Bouzas

domingo, 25 de octubre de 2015

URUGUAY SIGUE HACIENDO HISTORIA.



Por razones de imagen pública, el proyecto CONSERVATORIOMUSICAL DE MONTEVIDEO se ha  retirado de la web. Hemos despertado interés nacional e internacional de músicos, profesores y estudiantes, según tenemos todo bien documentado. Fácilmente se puede entender que no queremos continuar generando expectativas alrededor de algo que, en definitiva, es evidentemente irrealizable en un Uruguay que cada día se aleja más y más de objetivos culturales que otrora fueran motivo de orgullo. 

También es evidente que una iniciativa ambiciosa como ha sido ésta – iniciada hace ya casi cuatro años – no se puede llevar adelante en forma solitaria ante la inercia de los únicos capaces de darle impulso, es decir, los organismos oficiales responsables de la cultura. Nuestra iniciativa llegó al MEC, el FONAM, y finalmente al SODRE, con idénticos resultados.

Por lo tanto, nos retiramos de la web y damos por concluida toda gestión relativa al proyecto.

En 2013 el proyecto le fue presentado al Consejo Directivo del SODRE. Muchos se preguntarán ¿por qué al SODRE... ?

 

Primero, porque la propia Ley de creación de este organismo oficial especifica, expresamente y como una de las misiones, “crear y organizar escuelas y conservatorios para la preparación técnica del personal y difusión de la cultura”.

Segundo, porque el SODRE ha creado escuelas, pero nunca instituyó un conservatorio. Entonces pensamos que las cualidades del complejo Adela Reta, y los recursos técnicos y de local que tiene, podrían ser ideales para desarrollar un proyecto exigente donde una de las metas era realizar una labor social a través de la música culta, entendiendo que esto no se debe limitar a los sectores medio y alto de la sociedad, sino que, al contrario, también debe alcanzar a beneficiar los sectores carentes de recursos económicos.

Tercero, porque contando el SODRE con varios cuerpos estables y una orquesta sinfónica, posee un  potencial docente capaz de satisfacer ampliamente la demanda de estudiantes de cualquier instrumento o disciplina musical.

Y por último, porque el Conservatorio Musical de Montevideo fue proyectado para ser una Organización sin fines de lucro, de enseñanza y promoción de la cultura musical, con extensiones hacia el ámbito internacional. Entre varias posibilidades, esto supone un crecimiento en el intercambio profesional y estudiantil en las regiones que hubiera conseguido abarcar. Pero también significaba extender una metodología con objetivos concretos a ser alcanzados, tanto en el campo pedagógico como también en el de contribuir con la difusión de la música culta.

La enseñanza de la música debe considerar que la culturización musical de las futuras generaciones depende no tan sólo de factores publicitarios, sino mucho más de factores pedagógicos aplicables a  niños y jóvenes en la actualidad.

Pero el Consejo Directivo del SODRE se llamó a silencio. Ante nuestra insistencia respondió, finalmente, con una nota escueta denegando cualquier apoyo y con el nombre de proyecto mal escrito.

La orientación actual persistente del SODRE demuestra a las claras un perfil que desanima para volver a insistir. Fuera de cualquier otro contexto que no sea el de la cultura, no sabemos cómo interpretar en realidad las palabras del Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez en 2009, cuando inauguró el actual edificio del SODRE diciendo:

   “Ahora, lo que resta como desafío es restablecer la actividad artística como nexo con la sociedad, porque la cultura no es ni la Cenicienta de los presupuestos, ni un adorno del desarrollo, ni la tilinga de la familia. La cultura es todo y para todos".


Lo que nos había estimulado hasta ahora.


Cada poco tiempo nos llegaba por correo electrónico toda clase de preguntas acerca de las clases, horarios disponibles, etc., de personas que querían estudiar y perfeccionarse en el instituto, y esas consultas eran hasta de otros países como México, Argentina, Brasil, Chile, etc. No sabemos por qué ocurría esto, siendo que todo lo que estaba en la web decía que era un "proyecto" para "reabrir una institución" de valor histórico.

También ha habido profesores de renombre interesados en dar clases en el Conservatorio, expresándonos que les motivaba la metodología pedagógica que distinguía al proyecto. Eran profesores de Europa y Latinoamérica que nos hicieron propuestas diversas incluyendo dar master classes y recitales.

Todo ello fue un indicio claro del interés que el proyecto despertó en varios ámbitos, excepto en el de los medios que podrían haberlo llevado a su realización.

Uruguay: un país más ¿“en vías de desarrollo”?

 

Uno de los requisitos más elementales de un proyecto cualquiera es que debe contar, primero, con apoyo significativo en su propio país de origen, incluyendo el apoyo del Estado, para aspirar, después, a obtener incluso apoyos internacionales a los que también se podría acudir para la realización. Digámoslo claro y sin el eufemismo desarrolista de moda: La falta de respuesta a propuestas culturales ambiciosas no es ninguna “vía” que lleve a alguna parte, y tiene un solo nombre: subdesarrollo.

Por qué decimos ahora todo esto.


El Conservatorio Musical de Montevideo fue fundado en 1904. Forma parte del acervo cultural uruguayo. Desde sus mismos orígenes las actividades estuvieron ligadas a algunos de los nombres más insignes de la música uruguaya, tales como Eduardo Fabini, Alfonso Brocqua y el Mtro. Domingo Dente tan vinculado al SODRE, como todos sabemos.

El nuevo Conservatorio Musical de Montevideo fue una propuesta para continuar con aquella tradición de prestigio, pero mirando las exigencias del siglo XXI en la difusión de la cultura musical a través de la enseñanza. 

Uruguay sigue haciendo historia.



Gustavo Britos Zunín
(ex Director del proyecto)

miércoles, 21 de octubre de 2015

POR QUÉ LA DESASTROSA SITUACIÓN DE LA MÚSICA CLÁSICA EN EL URUGUAY NO SE SOLUCIONA CON LA MEDIDA ANUNCIADA POR EL CONSEJO DIRECTIVO DEL SODRE.


"Un equipo especializado y orientado a la calidad y excelencia"                                                                                                                                              http://www.sodre.gub.uy/node/341


Como su propio título lo indica, este colectivo integrado por ocho miembros no es nada más que una Mesa de Programación. Pretender sanar el horrible desamparo en el que ha caído la música clásica, seria, culta o como la quieran llamar en el Uruguay, con un comité programador, es como tratar de resolver los agudos problemas de transporte y tránsito en Montevideo instalando un varita en 18 y Bulevar. La música clásica, patrimonio inalienable de nuestra sociedad desde el inicio de nuestra vida nacional, depende del cimiento artístico que le dan una gran orquesta sinfónica y una gran temporada sinfónica. Es la música sinfónica la que (con poquísimas excepciones) concitó la creatividad, originalidad y genio de los grandes compositores que le dieron vida al género llamado “clásico”. La ópera y el ballet son literalmente inconcebibles sin el sustento musical sinfónico. Y para ese sustento se necesita una orquesta profesional y completa, no el muñón desvalido en que han convertido nuestras actuales “hautoridades” culturales a la otrora prestigiosa OSSODRE. No es “coordinando programación” que se rescata a una Orquesta Sinfónica diezmada, ni se vuelve a colocar en su debido lugar al elemento esencial de la vida musical de un país.
La milanesa revela su verdad, quizás, cuando leemos en el comunicado que esta medida “responde a la necesidad…(de) erigir al SODRE como una institución cultural que responda a todos los públicos y a los desafíos de la época actual, buscando atender las demandas de una sociedad moderna y buscando siempre facilitar el acceso de la cultura de todos los habitantes y visitantes de nuestro país.” Hmm…¿qué quiere decir “todos los públicos”, “época actual”, “atender las demandas de una sociedad moderna”, “acceso a la cultura de todos los habitantes”, y todo el palabrerío que espetan nuestras actuales “hautoridades”? ¿No será que al negarse a nombrar un Director Artístico tradicional (con mucha más autoridad que el director de un cuerpo estable), encargado de imponer una visión de calidad a la actividad sinfónica, operística y de cámara, de contratar directores invitados y solistas, y de llevar a cabo una programación sensata (p.ej., no programar sinfonías de Mahler con un ensemble permanente de menos de 50 efectivos), lo que  persiguen las “hautoridades” es seguir marginando a la música clásica, para dar más cabida aun al candombe, a la murga, a la salsa, al circo y a todos los otros espectáculos que han convertido al SODRE en un Maipo de provincia?


Alberto Reyes

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Proclama

Brillante concierto de la OSSODRE en la noche del sábado 26 de setiembre de 2015, con solista de lujo, nuestro compatriota Alvaro Pierri. Previo al concierto, se le expuso al público que colmaba el Auditorio la grave situación por la que atraviesa la orquesta. Largos minutos de aplausos fueron la respuesta a los reclamos. Aquí el texto completo de la proclama leída:


A mediados de 2016 se cumplirán 85 años del primer concierto de nuestra orquesta, que orgullosamente ostenta el decanato de las agrupaciones sinfónicas nacionales de nuestro continente. Desde entonces el prestigio de la OSSODRE trascendió fronteras y se instaló firmemente en el corazón de los uruguayos como uno de los baluartes de la cultura nacional, constituyéndose asimismo en referente ineludible de la música sinfónica latinoamericana.
La oscura década del 70 acarreó a la OSSODRE, además del incendio del emblemático Estudio Auditorio, el comienzo de un proceso de profundo deterioro institucional, que con altibajos continúa hasta nuestros días, producto del desinterés y la desidia de las autoridades de turno.
La inauguración de este maravilloso Auditorio nos devolvió la esperanza de un renacer de nuestra querida orquesta.
Han pasado seis años. Sin embargo hemos visto cómo las prioridades de quienes lo dirigen son otras. Su modelo de gestión reformula el rol de los cuerpos estables: de generadores de cultura y difusores del acervo artístico nacional, al de vendedores de miles de entradas. Obviamente, una Orquesta Sinfónica Nacional de calidad no es funcional a este proyecto.
De los 168 espectáculos presentados en el Auditorio en 2014, sólo ocho tuvieron a la OSSODRE como protagonista.
Al finalizar la actual Temporada, nuestra presencia en este escenario habrá sido incluso aún menor.
Uno de los escasos aciertos de la pasada Dirección Artística fue la contratación del Maestro Stefan Lano como nuestro Director Titular. En los tres años de trabajo conjunto con él, la Orquesta alcanzó extraordinarios niveles de excelencia. Desde el primer momento, el maestro Lano se erigió en enérgico opositor a este modelo de gestión y en firme defensor de la institucionalidad de la OSSODRE y de los derechos de sus integrantes. Ello le valió la arbitraria y grosera rescisión del contrato.
En reiteradas ocasiones hemos manifestado que la Orquesta Sinfónica del SODRE es víctima de un sistemático desmantelamiento y está en real peligro de extinción. Esto no es una figura retórica ni exagera en lo más mínimo la situación.
Actualmente 52 profesores integramos la plantilla de músicos estables. Nuestro ingreso se produjo mediante rigurosos concursos de oposición con prestigiosos jurados internacionales. El último de ellos se llevó a cabo en 2006.
Desde entonces las vacantes generadas -que al día de hoy suman 47- se han estado cubriendo con artistas extras, contratados de manera absolutamente precaria. Llevamos mucho tiempo reclamando la impostergable realización de los concursos que brinden a estos compañeros la oportunidad de regularizar su situación laboral. Al mismo tiempo, jóvenes instrumentistas formados durante estos años, músicos compatriotas que han debido emigrar en busca de mejores oportunidades e incluso colegas de otros países, tendrán la posibilidad de engrosar y enriquecer nuestra principal agrupación sinfónica.
Por desgracia para la cultura nacional, uno de los puntos fundamentales del proyecto de nuestros “gestores” es la modificación drástica de la estructura institucional de los cuerpos artísticos.
Su propuesta, que está en práctica desde hace varios años, incluye la eliminación paulatina de los cargos presupuestados y su sustitución por trabajadores eventuales. En nuestro caso, ello conduce inexorable y dramáticamente a la transformación de la orquesta nacional en un conglomerado sin identidad, integrado por instrumentistas free-lance sin ningún arraigo y carentes de los más elementales derechos laborales.
El nuevo Consejo Directivo, que a diferencia de los anteriores ha mostrado voluntad de diálogo, manifestó a nuestros delegados que los únicos concursos previstos en este período, son los internos para efectivizar los cargos de solista, que varios de nosotros venimos ejerciendo desde hace años en forma interina, descartando de manera tajante los llamados externos para llenar las vacantes. Estos concursos solucionarían apenas una ínfima parte del gravísimo problema que aqueja a nuestro cuerpo orquestal.
Nosotros consideramos inaceptable esta propuesta. La Orquesta Sinfónica, reunida en asamblea, decidió, por abrumadora mayoría, que ninguno de los Profesores de la OSSODRE se presentará a dichos concursos internos a menos de que las autoridades establezcan una fecha próxima para el llamado a cubrir la totalidad de las vacantes.
Somos artistas, amamos nuestra profesión y en cada concierto entregamos a plenitud nuestros conocimientos, esfuerzo y sensibilidad. Defenderemos nuestra fuente de trabajo y la de las nuevas generaciones de músicos.
Llevaremos hasta sus últimas consecuencias la lucha no sólo para mantener viva a la Orquesta, sino para devolverla al sitial privilegiado que ocupó en nuestra cultura y que nunca debió perder. Sabemos que ustedes no nos dejarán solos en esta dura batalla.
Disfruten el concierto.

sábado, 18 de julio de 2015

Al que le quede bien el poncho... que se lo ponga.

 

... luego de mas de 3 décadas en los micrófonos de cx 6, me permito expresar la falta total de vocación por la difusión de la música culta en sus diversas corrientes en nuestra querida emisora...”


La actitud reacia a la música clásica evidenciada por el SODRE, bajo el amparo del concepto de “élite” que le quiere atribuir al público del género, sería nada más que la punta de un iceberg más profundo de lo que se cree.

La denuncia.

Esto ocurrió hace nada más que un año y medio, aproximadamente. Encaja perfectamente en la orientación evidente que tiene el SODRE en los últimos tiempos. Lo que sigue nos llegó por mensaje privado, pero con autorización expresa de quien firma para hacerlo público:

   “Con profundo interés he leído el articulo de Javier Bezzato que comparto plenamente. Por mi parte, luego de mas de 3 décadas en los micrófonos de cx 6, me permito expresar la falta total de vocación por la difusión de la música culta en sus diversas corrientes en nuestra querida emisora, que me llevaron al final a jubilarme antes de lo previsto. Falta de vocación que se traduce en agravios, desconocimiento, demagogia sindical, falta de interés y notorio complejo cultural en operadores y mandos medios, con resultados desastrosos que aún se pueden comprobar en la diaria sintonía.
   "Por años me he quejado de los baches interminables, antes y después de los anuncios. Las veces que he salido al pasillo a reclamar la presencia en cabina del funcionario "responsable" diciéndole: "el disco se fue" y la invariable respuesta "no te preocupes Romero...ya va a volver". He tenido operadores que "rebobinaban" cintas o hacían ruidos de ex profeso con el micrófono abierto. Otros a quienes les importaba un rábano si se anunciaba un barroco y salia al aire un dodecafónico. Y el desinterés mayor se vive ahora, donde las emisoras de "importancia para el gobierno" tienen hasta 8 repetidoras y cx6 ninguna, con el agravante de que en el litoral es "tapada" por una radio de Asunción. La dirección ha puesto al frente (con suculento salario) a un vitalicio jurado de carnaval, cuyos conocimientos músico-culturales son de un excelente paracaidista. Obviamente estoy a las órdenes para cualquier inquietud que Uds. puedan tener sobre mis vivencias en Radio Difusión Nacional y no tengo ningún inconveniente en que estas manifestaciones tomen estado público.”

Atte: Antonio Jorge Romero.

Posdata

El Sr. Romero dice, todavía, que el 27 de Dic de 2013 el encargado de la emisora le indicó a gritos que no hiciera más los programas líricos. Y relata así el desenlace del episodio:

    “Al contestarle que él no era nadie para decidir eso, me dijo que estaba encargado de cx6 por orden del (ya fallecido) director de las emisoras, el Sr. Saccomani. Ante este disparate resolví volver a la cabina a mis anteriores funciones de locución, pero la Sra Ruffo me indico que ya no pertenecía más al sector.
   “Por lo tanto, falto de respaldo de mandos medios, solicité en ctas. personales mi jubilación. Es importante destacar que denuncié el atropello ante el Consejo Directivo, sin resultados, y que mis programas (tanto Aria Prima como Lirica Viva) se siguieron emitiendo hasta el 31 de Dic. de ese 2013.”

Según el Sr. Romero, nunca se le explicó un motivo para impedirle seguir con sus actividades. Había ingresado por concurso de oposición en 1978, y a la radio oficial el 1 de enero de 1980.

He aquí una pregunta incómoda: ¿Nadie en el Consejo Directivo escucha la única emisora de radio que transmite música clásica?

¿Nadie?

Peor todavía, ¿cuál sería la explicación para el silencio por toda respuesta para una denuncia expresamente hecha al Consejo Directivo?

Habría una sola explicación: La displicencia de los directores es un buen poncho para abrigar a los irresponsables, si hay denuncias alrededor de la música clásica. Claro, hay una disculpa inmejorable: la emisora ya no pertenece más a la órbita del SODRE y eso parece que es definitivo.