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sábado, 27 de junio de 2015

El Uruguay: un mate bien amargo.

"La música académica abre puertas a la Historia, nos acerca a otras culturas y a persona de diferentes medios socio-económicos."

  El siguiente artículo fue publicado en Facebook por el pianista uruguayo Javier Bezzato  el 2 de marzo de 2014  y reproducido, con permiso del autor, en el blog Música Clásica aquel mismo año. 

Más de un año después viene bien recordar las reflexiones que Javier nos quiso transmitir, porque conservan una pasmosa actualidad.

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Hace días que vengo pensando y pensando sobre los problemas de la orquesta del Sodre. Me gustaría transmitirles mis reflexiones.

Existen algunos prejuicios con respecto a la música denominada clásica, culta o académica y a las personas que la practican: el músico clásico, culto o académico. Esto sucede lamentablemente en muchas partes, pero en Uruguay, tal vez por ser un país con pocos habitantes, se percibe un poco más. A esto se puede agregar la falta de suficiente transparencia en las gestiones culturales. Esta es una de las razones por la que me fui hace ya más de diez años, queriendo ampliar horizontes en mi formación y buscando futuro laboral.

Como lo definió Nibya Mariño con sencillas palabras en una entrevista para Subrayado: la música “... es como un mensaje espiritual, llega a todos.” La música culta no busca ser elitista, está abierta a entrar en contacto con otros géneros musicales y busca llegar a la gente. Cualquiera de ustedes, músicos, puede confirmarme que, si bien podemos concebir nuestro hermoso oficio como una importante misión que llevamos adelante con entusiasmo y pasión, esto no implica que seamos seres superiores a otros o pertenecientes a una casta selecta. Tampoco lo ve así la gente que se siente atraída por ella. La música académica abre puertas a la Historia, nos acerca a otras culturas y a persona de diferentes medios socio-económicos. Basta comprobarlo entre los músicos mismos o simplemente entre los melómanos. Otros géneros musicales o manifestaciones artísticas tienden a tener un alcance local o regional y a limitarse a su ámbito socio-cultural, fortaleciéndolo y enriqueciéndolo. Pero me atrevería a decir que, un aficionado al carnaval uruguayo sabe, tal vez, poco y nada del carnaval en Basilea, por ejemplo. Así que en tema de apertura, tolerancia e integración existen muchos prejuicios y creo que el continuar y mejorar las condiciones de la práctica de la música clásica en nuestro país (y por consecuencia, asegurar la existencia en este caso de una orquesta sinfónica estatal) solo puede traer ventajas para nuestra sociedad. ¿Es tan difícil entender que también hay personas comunes y corrientes, de cualquier estrato social o económico, que se emocionan con Mozart, Chopin o Ligeti y encuentran así una mínima pizca de trascendencia en esta vida terrenal?

Estos prejuicios influyen también lo que se entiende o sabe sobre un aspecto fundamental del trabajo que desarrolla el músico: la práctica instrumental. Tarea que insume una carga horaria muy grande y que, por las características del oficio, se realiza en un ámbito privado y personal, a diferencia de un bailarín, el cual, a las horas de ensayo suma el tiempo de práctica personal, en este caso realizada en forma colectiva, "a la vista" de todos.

Aclaro todo esto (para muchos rotundamente evidente), porque he leído declaraciones de la presidenta del Consejo Directivo del Sodre
que dejan entrever una falta atroz de conocimiento y sensibilidad en la materia. Incluso dejando de lado la aberrante y vergonzosamente ignorante declaración de que en el mundo no existen orquestas sinfónicas presupuestadas (el número de integrantes necesario para una orquesta de esa características no hay que aclararlo).

¿Alguien me puede explicar cómo personas tan incompetentes en la materia ocupan tales puestos y se llevan en sus bolsillos suculentos sueldos? Creo que criterios de otra índole que los artísticos y de capacidad de gestión ponen al frente esa gente. ¿Favores políticos, tal vez?


Otra pregunta: ¿qué se les dice a los chicos de la Orquesta Juvenil sobre el futuro que les espera?
Una posible respuesta: "Miren, vivimos en un país donde te podés fumar con toda tranquilidad unos ricos porros, cualquiera se puede casar con cualquiera y ser feliz. Eso sí, si te gusta Beethoven, acá vas a tener pocas oportunidades en tu vida."

No estoy en contra de los géneros populares ni creo que uno sustituya a otro, incluso los admiro y practico (lo confirman mis próximos conciertos aquí en Suiza), pero la música clásica debe tener el lugar preponderante en el Sodre que siempre tuvo. Para eso fue creado, ¿no? Lo más triste es sentir la decadencia de una institución que supo ser ejemplar. Que lo digan los que vivieron la época de oro del Sodre! La ley de 1929 prevé la formación de los cuerpos y escuelas de formación que posee el Instituto. El Sodre es financiado por el Estado, o sea, por los uruguayos. Y debe ser para los uruguayos, incluso para los uruguayos que gustan de la música sinfónica. La Cultura no debería ser (por lo menos en esa institución) un negocio, sino un patrimonio del país. Y en el caso que ese modelo ya no funcione, hay que buscar otro que sea efectivo y digno para todos.

Algunas cosas han mejorado (también hay que ver lo bueno). Un ejemplo (a pesar de las tensiones actuales): hace algunos años se podía asistir a las funciones del Cuerpo de Baile del Sodre (hoy Ballet Nacional), donde sólo estaban presentes, además de los bailarines por supuesto, la madre de algún integrante del Cuerpo, con suerte la novia de alguno de ellos y, si aun no había fallecido, alguna que otra tía-abuela. Hoy en día la cosa es muy diferente. Una historia feliz... Pero no recuerdo una gran muestra solidaridad o apoyo institucional frente a esa problemática situación, que duró bastante tiempo. Eso también era amargo.

No dudo en las buenas intenciones de la Sra. Presidenta, como lo confirma en una declaración a 180: "... Hemos trabajado como bestias para resolver...". Pero en la declaración misma describe la forma en que lo hace.

La regla debería ser así de sencilla: el músico cumple con sus compromisos artísticos en tiempo y forma y recibe a cambio su contrato y sueldo en las mismas condiciones.

Me alegra mucho saber que la orquesta denuncie su situación y haga sus reclamos TOCANDO. La trinidad compositor-intérprete-público es lo que obra maravillas y es lo que hay que mantener vivo. Para MOVER a la gente hay que CONMOVER.

Yo, por ahora, dejé de tomar mate. Para amarguras me alcanza la triste realidad.


Javier Bezzato

En facebook.

domingo, 21 de junio de 2015

UNA HISTORIA INEXPLICABLE

Nuestra historia musical demuestra la importancia de la música clásica en la vida cultural uruguaya y, en ocasiones, a niveles extraordinariamente altos. Por ejemplo, en 1940 se trasmitió a través de las radioemisoras del SODRE, incluso las de onda corta, una serie de conciertos dirigidos por Arturo Toscanini desde el Estudio Auditorio. A eso se agrega una lista impresionante de visitantes ilustres como Igor Stravinsky, Ottorino Respighi, Heitor Villa-Lobos, Manuel Ponce, Humberto Allende, Godofredo Petrassi, Paul Hindemith, Aram Jachaturián, Aaron Copland, William Walton, Camargo Guarnieri, Albert Wolf, Erich Kleiber, Fritz Busch, Jascha Horenstein, Paul Paray, Clement Krauss, Herman Scherchen, Víctor de Sabata, Sir Malcom Sargent, Arthur Rodzinsky, Nicolai Malko, Paul Klecki, Witold Rowicki, Leopold Ludwig, Wilhelm van Otterloo, Kiril Kondrashin, Jean Martinon, Enrique Jordá, Antal Dorati, Howard Mitchel, Juan José Castro, y otros más que definieron una época dorada.

No debemos olvidar, sin embargo, que todo aquel período pasó por la Segunda Guerra Mundial, y Uruguay obtuvo un beneficio artístico al recibir aquí a muchos de aquellos huéspedes que buscaron un refugio. Pero, después de la guerra, en 1953 Lamberto Baldi reafirmó todavía una OSSODRE destinada a alcanzar el nivel más alto de su trayectoria, llegándose a considerarla la mejor orquesta sinfónica de Sudamérica y una de las mejores del mundo. 
 

¿Sería muy caro reconstruir aquel grado de excelencia?

Cualquier lector atento pensará que ahora, cuando está de moda la famosa “austeridad” que pasa la tijera en la cultura antes que nada, aquello sería inviable. Puede ser, y el argumento más a mano sería que el cachet de “monstruos” como los de aquella talla, hoy no se podrían pagar. Pero ¿alguien puede creer que varios de los espectáculos pop que el SODRE presentó en alguna temporada anterior, y los que presentará en esta de 2015, acaso son baratos?

Ah, claro – se podrá decir también – la cuestión es la taquilla, buscar que no hayan espectáculos deficitarios. Pero véase lo que también el propio SODRE dice al respecto en su página web:

      “La OSSODRE ha tenido desde su nacimiento la gran ventaja de no esclavizarse con la taquilla para sobrevivir. Como organismo con rubros propios, pudo planificar su acción con vistas a la cultura y nunca dependió del reclamo de sus abonados para confeccionar sus programas. Esto dio a los primeros directores espacios de audacia e imaginación, de exigencia estética y de variedad estilística, que los organismos privados rara vez pueden permitirse. Aunque esta independencia y variedad disminuyeron bastante cuando se terminaron los directores estables, de todos modos el nivel medio del repertorio sigue siendo más riguroso y mejor dosificado que el de muchas orquestas famosas que tienen la obligación de llenar las salas y de hacer el gusto a sus protectores.”

Tal como he señalado con insistencia en artículos anteriores, la temporada de conciertos 2015 no sólo es paupérrima, sino que está llena de contradicciones que apuntan más bien a estabilizarse que a buscarles solución. Se prejuzga que la música clásica es para una élite y que hay que "democratizar" el arte, como si el pueblo uruguayo fuera incapaz de apreciar otra cosa que lo que los medios difunden hasta el hartazgo. No hay duda, entonces, de que lo que se busca es la taquilla. 

Y esto puede involucrar la calidad de los espectáculos. 

En una situación tan dependiente, la cuestión de la evaluación de la calidad pasará, de ser un problema de gestión, a convertirse en un problema político que puede llegar a poner en riesgo la ruta inicialmente trazada hacia determinados objetivos. Ahí el desafío es para el Director Artístico, quien deberá reconocer cuáles son los elementos en el entorno que puedan plantear nuevas oportunidades o, por el contrario, nuevas amenazas a resolver. Deberá trabajar en conjunto, con el personal artístico y el Directorio, para trazar un curso de acciones hacia el futuro. Y éste, justamente éste, es el meollo de la situación de hoy.

Falta consenso.

Sería esencial establecer por parte del Consejo Directivo, en conjunto con la Gerencia General y los cuerpos estables, una política cultural delimitada a nivel de Estado. ¿Hace falta, para ello, una declaración de misión y visión que sea comunicada y compartida a través de todos los integrantes de la institución? Parecería que no, porque esa declaración está implícita en el contenido de la propia Ley de creación del SODRE. En aquella fuente es donde se debe buscar que cada miembro sea consciente de su responsabilidad en la consecución de los objetivos. La declaración de la misión y visión es un elemento clave para indicar cuál es el camino posible de recuperación del grado de excelencia que distinguió al SODRE en el pasado.

El Auditorio Adela Reta es un complejo de 25.000 m², con una sala principal de 2.000 localidades destinada a espectáculos líricos, sinfónicos y de ballet. Su foso puede albergar a más de 100 músicos, está organizado en tres módulos y cuenta con un sistema de elevación automatizado. El escenario, el más grande del país, tiene una altura libre de 27 metros y una boca de escena regulable que puede alcanzar 15,50 metros de ancho por 12 metros de alto. El complejo cuenta con una segunda sala, más pequeña, destinada a la música de cámara y repertorio experimental, con la flexibilidad técnica necesaria para que pueda ser transformada a conveniencia. Además, tiene modernas salas de ensayo, con un sector de talleres ubicados en tres niveles de doble altura, para la producción y realización de los montajes escénicos y la caracterización de los intérpretes. Por otra parte, cuenta con un anfiteatro, áreas para exposiciones y sectores de 'foyeres' y cafeterías. El edificio tiene características acústicas especiales en toda su construcción, especialmente el cubo interior que contiene el escenario y galerías. Se han invertido más de USD 100.000.000 hasta la finalización de las obras.

¿Para qué? 

En 2012 Ariel Cazes explicaba muy bien para qué, en una entrevista televisada donde se refería también la respuesta del público. Vale la pena escuchar lo que decía en aquel año no tan lejano:






Hay que decir también que a pesar de aquellas declaraciones, en cambio al inaugurarse la temporada 2015 con el “Concierto por la memoria”, Cazes decía a Montevideo Portal que "No se invirtieron más de 100 millones de dólares para que esto fuera para una élite de iluminados”. ¿Cuál será la “élite” que no merecería esa suma de dinero invertido? ¿Será la que deba conformarse con los poquísimos conciertos de la OSSODRE y la reducida programación de espectáculos de ballet, de ópera y de música de cámara? ¿No será un grave error considerar que el pueblo uruguayo es incapaz de disfrutar y comprender otra música que la que los medios le quieren imponer? Sin duda algo anda muy mal.

Y casi ni valdría la pena seguir reiterándolo, pues el problema ya es de conocimiento público. Pero, si volvemos de nuevo muy atrás en el tiempo hallamos hechos sorprendentes. Hay dos documentos que conviene conocer.

Primero: Lo decía Lauro Ayestarán.

Allá por 1935 nuestro eminente musicólogo, investigador incansable de las raíces de la música nacional, defensor de esas mismas raíces incluso populares (no confundir con lo que hoy la mass media difunde como "popular"), escribía:

"La OSSODRE está olvidando su cometido - Sólo cuatro audiciones sinfónicas se han realizado este año - Falta calidad en los programas.
“En 1931, la Ossodre realizaba 37 conciertos. En 1932, bajaba su númer a 29. En 1933, solamente 21. En el año pasado, 15. Y en la actual temporada a la que sólo quedan dos meses de actividad, 5 conciertos, uno de los cuales de carácter particular ofrecido al Presidente de Brasil."


(Fuente: Biblioteca Digital del Centro Nacional de Documentación Musical CDM).

Este es el documento original completo donde Ayestarán firma con el seudónimo “Ural” en “El Bien Público”, en fecha 30 de agosto de 1935. Nótese que el mismo documento también se refiere a "el desprecio hacia la producción americana".  Esto hace pensar en algo muy desagradable, porque evidentemente hay una historia que se repite sin que haya alguna explicación clara.  Es que la historia no termina ahí, hay más. La cita siguiente deja muy mal parado al Estado uruguayo, de ayer y de hoy, porque toca una característica de idiosincrasia.

Segundo: "El peso del destino".

La cita siguiente fue tomada directamente de lo que escribió Leonardo Scampini, El País Cultural Nº 570, 6 octubre 2000 titulado "Lauro Ayestarán - el peso del destino":

      "...Su renombre internacional  (llegaba) a tal punto que continuamente recibía los llamados de Sociedades norteamericanas -rememora su hijo Ángel-para que se fuera a trabajar allá. Le decían: "Pero, mire, nosotros lo vamos a sentar y usted se va a dedicar a investigar y no va a tener problemas de dinero ni de nada", y en cada ocasión él les decía:  "Yo trabajo en mi país y para mi país". Y si se hubiera ido, hubiera tenido un poco más de dinero y hubiera realizado una obra más grande que la que llegó a concretar".
Su vocación de servicio al país, se evidencia en el deseo de que su biblioteca musicológica, una de las más importantes de América, quedara en el Uruguay. Cuenta Ángel que "a las dos semanas de la muerte de mi padre, vino Stevenson de los Estados Unidos con un cheque de la Fundación Ford para llevarse la biblioteca. "Dígame usted el precio", dijo Stevenson, y a pesar de que habíamos quedado en la ruina económica y que ese dinero nos podía haber salvado, mi madre cumplió con la voluntad de Lauro y no la vendió. El Estado Uruguayo demoró ocho años en pagarla".
"Entre las colecciones que había dejado mi padre -agrega Ángel- estaba la de partituras con pie de imprenta uruguaya, es decir, todo lo que se había impreso en Uruguay de música uruguaya. Eran seis mil partituras, más manuscritos de músicos uruguayos como Fabini, Cluzeau Mortet y el original Himno Nacional de Debali. Esa colección mi madre se la ofreció tres veces al Estado y en todas las oportunidades se le contestó que no existía interés. Esa actitud le molestó tanto a mi madre que cuando la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos vino a comprarla, ella terminó vendiéndola. Y allá está la "Lauro Ayestarán Collection" perfectamente cuidada y guardada".


Cualquier "remiendo" que se haga a un hecho como éste, no haría más que demostrar una sola cosa: yendo hacia adelante y atrás no se llega a ninguna parte. Sea la Orquesta Sinfónica con sus glorias y altibajos, sean los cuerpos estables del SODRE, sea incluso la Filarmónica de Montevideo y aun el MEC y las instituciones oficiales y privadas de enseñanza musical, y los sistemas oficiales de radio y televisión, todo ello, en conjunto integra un organismo cultural enorme que no debe andar a la deriva. Digámoslo bien claro: no puede estar dependiendo de puntos de vista político-partidarios de turno. Al contrario, es necesario que haya una política de Estado.

Y que sea abierta al mundo y a siglos de historia del Arte.


GBZ 

sábado, 9 de mayo de 2015

¿Una Rosa con otro nombre...?

Foto de Alberto Reyes. El SODRE nació con el nombre "Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica". La ley de 1929 creaba, sencillamente, una radio nacional, para "perifonear programas culturales e informativos...con fines de mejoramiento espiritual de los habitantes del país". Luego se creó en el SODRE una orquesta sinfónica, un coro, un conjunto de música de cámara, un cuerpo de baile y un elenco de radioteatro, y la institución comenzó una distinguida tarea de llevar al país los frutos de la cultura, entre ellos, en lugar prominente, la música clásica.
 
Hoy el SODRE se llama "Servicio Oficial de Difusión, Radiotelevisión y Espectáculos". Su orquesta está diezmada y apenas realiza seis conciertos de temporada sinfónica, sus otros cuerpos estables, salvo el Ballet, agonizan entre el descuido y la indiferencia de todos, y la música clásica es el pariente pobre del rubro "espectáculos". Ese cambio de nombre ya debería haber sido una señal de alarma para la cultura uruguaya (aunque vemos por el reciente brouhaha de otra gran institución nacional, la Biblioteca, que ya nada alarma a la cultura uruguaya). La inocente letra E de SODRE, "espectáculos", fue el caballo de Troya que permitió desvirtuar totalmente la misión de "mejoramiento espiritual de los habitantes del país", dar lugar a murga y circo, y convertir a la espléndida sala Adela Reta en el simple "Auditorio", léase, un común teatro de variedades.


Pero el problema de nomenclatura no acaba ahí, queridos conciudadanos. Parece que por la ley 18.996 de 2012, reglamentada en diciembre de 2014, se crea la "Unidad Ejecutora 024" con el nombre de "Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional", que incorpora a Canal 5 (ex TV del SODRE) y también a....¡la radio del SODRE! es decir, de un saque, se elimina del "SODRE" a la "Radiotelevisión" (¡afuera con la pinche letra R!) y nos queda el ¡"SODE"!, a saber: "Servicio Oficial de Difusión y Espectáculos". Pensemos un poco: sin radio ni televisión, ¿de qué "difusión" están hablando? ¡Marche la D! ¡Tengamos un SOE!. Pregunto (sí, a mis conciudadanos, no miren para otro lado) ¿queremos un Servicio Oficial de Espectáculos? ¿O es hora de salvar el patrimonio cultural uruguayo, inclusive la música clásica, y rescatar a una institución que, como cualquier bastardo, ni siquiera sabe qué nombre ponerse?


Alberto Reyes

jueves, 30 de abril de 2015

Una propuesta: Agencia Nacional de Conciertos

     No pretendo dar más que un puntapié inicial al tema, seguramente habrá mucho que corregir, detallar y definir. Pero creo que ya es hora de empezar...

     Como siempre en nuestros países, hay una buena oferta potencial y una buena demanda potencial de música clásica, y lo que no funciona bien, o no existe, son las interfaces entre esos dos lados, y la institucionalidad para llevarlas a cabo.
     Propongo la creación de una Agencia Nacional de conciertos, dedicada exclusivamente a la música clásica. No por excluir a otros géneros, sino porque las interfaces para los otros géneros cultivados en el Uruguay ya existen: los medios les prestan atención, los organizadores privados presentan conciertos, los patrocinadores los apoyan. La idea es llevar cultura a todos y no que todos tengan acceso al mercado cultural, que no es lo mismo a pesar de lo que se nos quiera hacer creer.

La ANC podría tener las siguientes características:

  •  Presentaría conciertos en todo el territorio nacional, con foco predominante en el Interior.
  • Funcionaría mediante convenios con las Intendencias Municipales, las cuales se comprometerían a organizar al menos dos conciertos por año en su departamento. Las Direcciones de Cultura de cada IM harían un relevamiento de salas aptas (en términos de acústica, aislamiento de ruidos, disponibilidad o no de piano, etc.). Si avanza el proceso de descentralización, la ANC podría eventualmente hacer convenios con Juntas Locales también.
  • La ANC tendría artistas bajo contrato, a largo plazo, y les pagaría por un arancel a establecer. La selección de los mismos se puede hacer de varias maneras, pero sería importante hacer un concurso de selección al menos cada dos años para garantizar las posibilidades de los jóvenes de acceder gradualmente al sistema; sin embargo no hay que descuidar a los artistas ya establecidos.
  • En principio habría que enfocarse en los músicos nacionales, pero eventualmente se podría también traer a extranjeros.
  • La financiación de los conciertos, traslados y estadía de los músicos sería compartida entre los gobiernos departamentales y recursos del gobierno nacional y del FONAM, y eventuales patrocinadores privados.
  • Los conciertos no serán con entrada gratuita, aunque las Intendencias podrian poner un precio simbólico a la entrada, si así lo prefieren. (Siempre me resulta divertido que se nos tache de elitistas - los que así lo hacen tendrían que considerar lo que cuesta una entrada al Teatro de Verano en Carnaval o a un concierto de rock).
  • Tendría un plantel de funcionarios mínimo, ya que se trata de una función de coordinación, pero al menos una oficina tendrá que tener, y al menos un encargado de programación y alguien que se ocupe de la logística y la comunicación con los gobiernos departamentales.
A ver qué les parece.

Eduardo Fernández




lunes, 27 de abril de 2015

UN PLAN DE ACCIÓN




En mi artículo anterior  propuse la creación de una institución privada, una que sea capaz de contrarrestar una posible realidad irreversible: ¿Hay que decirle adiós a la música clásica en Uruguay?

La pregunta obvia es ¿cómo llevarlo a la práctica? ¿Se podrá? De esto quiero hablar ahora.



Una perspectiva a tener en cuenta.
Acerca de cómo hacer viable el proyecto de la índole que propongo, hablaré en un próximo artículo. Hoy quiero llamar la atención sobre una perspectiva real que, muy probablemente, definirá el éxito o el fracaso del emprendimiento, e incluso si vale la pena o no intentarlo. 

Hay todo un trabajo que comenzó nada menos que allá por los años 80 del siglo pasado, en sentido de conscientizar al público acerca de la importancia de la “identidad uruguaya” en la música. Esa política cultural parecería haber llegado a un punto culminante en 2015, o sea más de 40 años después. Y eso es mucho tiempo en el sentido educativo. Entre quienes abrevaron de aquellas fuentes, puede ser que hoy se encuentren personas que ocupan altos cargos en la programación de espectáculos musicales. 

Lo que llama mucho la atención, no es tan sólo la reducción progresiva de oportunidades para escuchar a los genios más grandes de toda la historia de la música. También se reducen las oportunidades de presentarse en público a los intérpretes y – nunca está de más repetirlo - también se excluye a los compositores uruguayos. Y éso es una gran contradicción. ¿Acaso todos ellos, compositores e intérpretes, no forman parte de nuestra identidad? ¿Q es lo que se ha venido entendiendo como “nuestra identidad”?

Muchos ya saben la respuesta y a consecuencia de toda esa política “cultural” debemos preguntarnos:

¿Todavía queda público en Uruguay para la música clásica?

No cabe hacer aquí un verdadero estudio de mercado, pero responder a esta última pregunta nos lleva a predecir, en lo posible, si el emprendimiento será rentable. Y eso sería decisivo. Nos llega un dato interesante del propio Sodre en su página oficial que informa:

      “Hoy los conciertos sinfónicos de la OSSODRE son todo un éxito a juzgar por el público que colma las dos mil localidades de la sala Fabini, éxito logrado en parte gracias a las bondades acústicas del Auditorio”

Esto se puede entender de muchas formas, pero más adelante el mismo informe reconoce:

      “Aún queda mucho camino por recorrer y el panorama es muy esperanzador. Una importante compra de instrumentos con el apoyo de la AECID, la creación de la Gerencia de la OSSODRE en abril de 2011, la inauguración de su sala de ensayos en abril de 2012 y la compra de un piano Steinway de concierto, son mojones de gran relevancia con un impacto positivo tanto para los músicos como para el público en general.”

Y continúa diciendo:

      “En muy poco tiempo los aportes de Stefan Lano están generando un acelerado proceso de mejoras cualitativas a nivel artístico, que sumado a la interesante programación y a la participación de solistas de primer nivel (…) han acercado nuevamente al público, agotando las localidades a los conciertos de la temporada.” 
 
Y concluye así:

      “Gracias a las bondades del Auditorio Nacional, el Sodre retomó en 2011 el camino de la puesta en escena de las grandes óperas con Eugenie Onegin de Chaikovsky, bajo la dirección musical de Lucasz Borowicz y en 2012, con entradas agotadas, Turandot de Puccini, bajo la dirección musical de Stefan Lano. Todo indica que la OSSODRE retomó el prestigio de otrora.” 
 
Habiendo sido así hasta 2012, respecto al público, ¿cómo se entiende lo que el Director Artístico dice al respecto? Citábamos una declaración suya en el artículo anterior, y ahora la repetimos pues viene al caso:

      “En los primeros conciertos que hicimos aquí en el Auditorio, una sala gigante de casi 2000 espectadores, uno miraba a la platea y veía 300 cabezas nevadas en el medio.”

¿Con cuál de las dos versiones nos quedamos? No es muy probable que el SODRE falsee un hecho y lo publique en su propio sitio web, así como tampoco es probable que el Director Artístico haya dicho algo que no vio. Y que, en ambos casos, el propio público podría en definitiva desmentir o confirmar. La conclusión lógica es que si “falta público” para la música clásica, en cualquier momento que sea, es algo que no se debe tomar a la ligera porque lo que en realidad falta es calidad de la gestión y un buen marketing. Y es eso lo que hay que considerar, en lugar de justificar que hay motivos para que los recursos se apliquen a estrategias empresariales dirigidas a “otros públicos”.

Todo indicaría que el resultado de las ideas de los organizadores no se debe confundir con otra realidad: el público para la música clásica existe, hay disconformidad de parte de los músicos y lo vienen expresando de tiempo atrás – como se aprecia en el video a continuación – y todo dice que cualquier esfuerzo en alcanzar un nivel de excelencia sigue siendo en vano por los caminos que hoy se siguen, e incluso las inversiones que el propio SODRE hizo para recuperar el prestigio de antaño también habrían sido en vano.



Pero todo esto no debería ser un motivo de frustración e impotencia. Debería ser un estímulo para recordar permanentemente que el público existe y está esperando.

¿Hasta cuándo hay que esperar?
 Si todos ustedes, que ahora están leyendo, buscan aunar esfuerzos para llegar hasta quienes estén a favor de restituir a la cultura uruguaya el valor que está perdiendo, si éso se consigue quizá a través de cadenas de vinculaciones, el objetivo de cambiar las cosas podrá ser alcanzado.

Por eso he abierto un canal especial a fin de que quienes quieran comunicarnos algo que no desean que se haga público a través de este blog, puedan hacerlo con la necesaria privacidad total. Un proyecto adecuado deberá empezar a ser formulado y sobre bases sólidas. Para comunicarse en privado es solamente hacer clic aquí.

Es muy triste ver músicos que se han preparado para alcanzar la perfección técnica y artística necesaria para componer una sinfonía, un cuarteto de cuerdas, una sonata, etc., o para interpretar las obras de los mayores genios de la música de todos los tiempos... y de pronto se vean sujetos al capricho de los programadores de espectáculos que les obligan a usar no más de un 10% de las capacidades. ¿Hay alguien que piense que tanto da que una orquesta sinfónica acompañe a una murga o a un cantante pop dirigidos por alguien que solamente agita los brazos para marcar el ritmo, o en cambio, que lo haga a la par del coro en la Novena Sinfonía de Beethoven, o en la “Resurrección” de Mahler, bajo la batuta de un gran maestro?

lunes, 20 de abril de 2015

¿HAY QUE DECIRLE ADIÓS A LA MÚSICA CLÁSICA EN URUGUAY?

Carta abierta a los músicos.



Tanto el posicionamiento de muchos agentes culturales privados, así como las políticas del sector público (gobierno central y municipios), no están orientadas a los ciudadanos sino a los propios realizadores y a los bienes que producen. Padecen, de lo que en términos de marketing se denomina “concentración en el producto”. La mayor parte del dinero público (de todos los ciudadanos), se destina a la producción, a la interpretación y se deja de lado la distribución, la promoción y la propia experiencia de encuentro de los consumidores con los bienes” 

Manuel Esmoris (gestor cultural) “Marketing Cultural- descripción de un caso” - año 2000


El caso se refiere a presentaciones de la Orquesta Filarmónica de Montevideo en 2000, en barrios de Montevideo, con Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Es decir, hace más de catorce años, y tuvo gran éxito de público por haber cumplido con las normas de marketing cultural citadas arriba. El costo fue de tan sólo alrededor de cuatro mil dólares – lo que vino a demostrar que producir espectáculos de música clásica no es algo terriblemente oneroso como a veces se pretende. Y aquello nos deja una lección para aprender: Nunca se debe caer en aquello de “lo que al pueblo” le gusta escuchar, desestimando de manera subliminal y prejuiciosa la capacidad para apreciar las altas manifestaciones del arte. Parecería que todo depende de las oportunidades y, a la vez, de hacer un buen marketing.

A propósito de aquellas actuaciones de la Filarmónica recuerdo todavía haber visto en TV una entrevista donde se contaba algo ocurrido en una ciudad del interior, durante una gira de la misma orquesta y con el mismo programa. Cuando terminó el concierto el público aplaudía entuasiastamente pidiendo “¡otraaa...! Decicieron entonces hacer algo fuera de programa, y, como era una ciudad del interior, tocaron un tango. El público volvió a aplaudir a rabiar y la orquesta hizo otro tango. Y el público siguió aplaudiendo sin parar. La orquesta no tenia preparado nada más para ofrecer fuera de programa, así que tuvieron que preguntarle al público qué querían escuchar. A gritos el público pidió: “¡¡¡Vivaldi, Vivaldi!!!”

Esto iría totalmente en contra de lo que opinaba el actual presidente del SODRE en una entrevista reciente en CX26 Radio Uruguay:

     “...digamos que la gente común, que viaja en ómnibus, que ésa gente entienda que estos espectáculos también son para él, que el tipo que le encanta la murga le guste venir al Sodre porque en realidad cuando uno ve algunos coros de ópera se da cuenta que... ¡si estará relacionado!...El gran desafío es que la gente haga suyo el Sodre, que no es de una élite, no debiera serlo, el Sodre es del pueblo.”

Es claro que el SODRE es y debe ser del pueblo.¿Pero cuál sería la “élite”? Es un problema serio creer que a la gente que viaja en ómnibus necesariamente le gusta la murga y el resto pertenece a una especie de clase social aparte... Digo la murga o cualquier otro género que no sea la música clásica.

¡Cuidado!

Creo que debemos estar alertas a un fenómeno que se viene. Y al respecto quiero contar una experiencia que tuve en Brasil hace varios años, en 1984. Estando en Porto Alegre fui invitado a un concierto de la OSPA (Orquesta Sinfónica de Porto Alegre) y al llegar vi que frente a la puerta de acceso al teatro había una multitud de jóvenes protestando y armando alboroto. ¿Qué era aquello? Pues era que el teatro estaba lleno y ellos se habían quedado afuera. Y exigían entrar. Como nadie se iba de allí, se decidió que la OSPA repetiría la actuación no bien concluyera la primera. Y así fue como aquella multitud de jóvenes, de entre 15 a 20 años más o menos, pudo entrar y disfrutar el concierto. Pero hoy, en 2015, la mayoría de los brasileños no pueden creer que algo así haya sucedido y les parece mentira. ¿Que fue lo que pasó durante 30 años siguientes por allá?

A la música clásica se la considera un "patrimonio europeo" y no un patrimonio universal. Una cantidad respetable de gente de mediana cultura jamás asistió a un concierto de música clásica y nunca escuchó una orquesta sinfónica ni siquiera en una grabación. Eso sí: todo el mundo está al día en samba, rock, funk, rap, etc., y eso es "música brasileira" porque está hecha por músicos brasileños. ¿Qué viene haciendo el Ministerio de Cultura de Brasil frente a ese fenómeno? Pues lo apoya. Y no son pocos quienes creen que tal es el mayor orgullo de un patrimonio nacional que define la IDENTIDAD de un país, y se comparte a Villa-Lobos con funk carioca en un mismo espectáculo en pro de la "diversidad cultural". Quiero aclarar, sin embargo, que el fenómeno no abarca al 100% del público, pero... todo sigue igual avanzando con la fuerza de la famosa "identidad". Y hoy, si se le pregunta a un joven quién fue Beethoven (digo exactamente eso) no es raro que diga que no sabe y hasta que pregunte si es alguna nueva banda.

¿Es posible que Uruguay vaya por el mismo camino? Si así fuese, quizá dentro de algunos años más haya mayoría de jóvenes uruguayos que pregunten si Mozart es una banda de rock nueva o si Broqua es el nombre de alguna murga para el próximo carnaval.

¿Qué es lo realmente importante?

Es defender la música clásica en Uruguay. Hay algo de mucho más peso que el solo hecho de hacer una crítica dirigida hacia lo que el SODRE está haciendo, o lo que no hace. No olvidemos que hay otra sala importante que cuenta con una igualmente importante orquesta sinfónica: el emblemático Teatro Solís y la Orquesta Filarmónica de Montevideo - que, curiosamente, últimamente ha seguido en parte las mismas tendencias de repertorio que el SODRE. Asimismo, recordemos que en el interior del país hay buenos teatros que han sido remodelados y que - digámoslo así - están “esperando” a que se hagan más conciertos y recitales de música clásica.

Teatro Florencio Sánchez de Paysabdú
Claro que ustedes se preguntarán cómo sensibilizar a quienes organizan los espectáculos en todas esas salas, y hacer que se interesen en serio por multiplicar los conciertos. La respuesta fácil es paradógica: parecería que el público está, que aún hay tiempo para que los conciertos no sean a salas casi vacías, pero los músicos no tienen cómo hacer oír sus voces a falta de reconocimiento oficial y de oportunidades para que el público les escuche. La verdadera pregunta es otra: ¿Por qué motivo hay responsables de la cultura del pueblo que se comportan tal como lo hacen?


Sin artistas no hay arte, y sin músicos no hay música.
Justamente en esta obviedad, justo aquí, está el punto: no hay forma más efectiva de liquidar para siempre una expresión cultural que quitarle toda oportunidad de acceso al público. Y – nadie lo puede negar – esto termina afectando a toda la infraestructura económica que vive alrededor de ese sector de la cultura, hasta que, por fin, se termina diciendo: “- Dedícate a eso, si te quieres morir de hambre”.

Mientras tanto, el público irá comprendiendo cada vez menos en qué consiste esa expresión de la cultura hasta que, finalmente, pasará a ser algo histórico muerto en tiempo presente. No habrá más público. Y hay que reconocer que en Uruguay se ha venido haciendo todo lo posible para que esto ocurra con los profesionales de la música clásica, sean intérpretes o compositores. Desde el SODRE y el propio Ministerio de Educación y Cultura, en cuanto a dosificar mejor la índole de los espectáculos musicales que se organizan, hasta los medios de difusión que relegan la música clásica a la mínima expresión posible.

Los responsables de cuidar la cultura del pueblo parecerían motivados por la idea de permitir que se destruya sistemáticamente una expresión cultural de las más importantes del mundo, para sustituirla por otra que ellos piensan que definiría la “identidad uruguaya”. Esto es difícil de digerir, porque todo cuanto aquí se ha relatado indica que habría gran cantidad de uruguayos que disfrutarían de la música clásica, pero a cada año que transcurre se les proporciona de manera cada vez más sistemáticamente limitada.

Para quienes lo ignoren, o lo hayan quizá olvidado, allá por la década de los años 50 era común que las emisoras privadas de radio transmitieran música clásica en horarios de alta audiencia. Incluso habrá quien pueda saber de la famosa audición de ópera de Barret Puig Lanza en CX32 a las 10 de la noche, de dos horas de duración con una enorme audiencia de fans del género. Hoy, en cambio – y esto viene ocurriendo en muchos países y no sólo en Uruguay –, todo aquello desapareció y los medios privados de radiodifusión y TV transmiten música clásica (cuando lo hacen) en momentos acertadísimamente definidos por Les Luthiers: “En el horario cultural de las tres de la mañana”.

Más allá de la sátira y la nostalgia.
Hay un ilusionismo que resulta de un error de marketing que arranca desde que la sala Adela Reta fuera inaugurada. Y es un error que parecería ser el ejemplo a seguir en vez de detenerse a pensar. Poco antes de iniciarse la "temporada" 2015 del SODRE, Ariel Cazes comentaba durante una charla con Montevideo Portal:

      “En los primeros conciertos que hicimos aquí en el Auditorio, una sala gigante de casi 2000 espectadores, uno miraba a la platea y veía 300 cabezas nevadas en el medio. Ahí empezó un trabajo de difusión y la gente de a poco se fue adueñando del espacio y hoy el Sodre es lo que es”. “También el haber abierto el abanico, dejar de ser una casa dedicada exclusivamente a las artes clásicas,, hizo que otro público se fuera incorporando.”

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Es verdad, otro público se fue incorporando y hoy el Sodre es lo que es. ¿Pero no era que había que crear “nuevos públicos” para la música clásica? Tantas veces lo escuchamos decir, y ahora resulta que... Pues caramba, ¡si hay nada más que 300 ancianos en la platea, lo que hay ahí es un error garrafal de marketing! Sólo éso. Y el origen está en haber perdido el rumbo hacia los objetivos que motivaron la propia creación de la entidad. Es la consecuencia obvia, y los hechos lo demuestran, de querer sumarse a la corriente de lo que ya tiene público, pero no lo tiene gracias al SODRE sino a otros medios de difusión. Vaya una manera de hacer cultura.

¿Qué hacer?
He aquí un espacio que estoy abriendo en este blog para que ustedes se expresen y propongan ideas, pues éstas pueden ser el punto de partida para una acción organizada.

Primero que nada habrá que reconocer (aunque cueste) que no se puede ni imaginar una colaboración de parte de quienes están convencidos de estar siguiendo el camino acertado. Tampoco se puede idealizar un 100% de adhesión del público, porque eso no lo consigue ni siquiera la mejor campaña publicitaria imaginable para cualquier producto que sea.

Mi propuesta – reconozco que es audaz – es la siguiente. Habría que instituir una entidad privada que cuente con su propia sala de espectáculos (para no depender de fechas "disponibles" de otras salas al organizar temporadas) con recursos tecnológicos, salas de ensayos y estudio de grabación, biblioteca, discoteca y estructura educativa para crear nuevos públicos, todo ello en la forma de una Sociedad Anónima donde los propios músicos puedan ser también accionistas y participar del lucro. Si esta idea pudiera, quizá, parecer irrealizable para la situación actual del país, me permitiré ir al pasado remoto de la historia uruguaya. En 1840 se creó una Sociedad con 156 accionistas para construir un teatro en Montevideo que, por aquel entonces, contaba con 40.000 habitantes, y Uruguay atravesaba una guerra civil que duró desde 1838 hasta 1851. Pues de aquella iniciativa, y en aquel difícil entorno, nació nada menos que el Teatro Solís.

Hoy no hay ninguna guerra, Montevideo tiene alrededor de un millón y medio de habitantes y el país más de tres millones. ¿Sería imposible? Depende. Depende de contactos que se puedan establecer con uruguayos que quieran, y puedan, hacer inversiones importantes en la cultura. Depende, también, de la suma de pequeños accionistas que, ¿por qué no?, podrían ser músicos. 

Pero depende también de algo más: la unión de los profesionales de la música clásica – estén o no en el país – para materializar un propósito en común. La ventaja sería terminar con la lucha por obtener la voluntad política cuando nadie quiere escuchar.

Ustedes tienen la palabra.

GBZ

jueves, 16 de abril de 2015

SODRE: Ayer y hoy en la cultura musical uruguaya.

"El 20 de junio de 1931 la Orquesta Sinfónica del Sodre (OSSODRE) ofrecía su primer concierto público bajo la dirección de Vicente Pablo con un extenso programa integrado por el Concierto en fa mayor de Bach, la Marcha de la música para Turandot de Ferruccio Bussoni, La Isla de los Ceibos de Eduardo Fabini, Los Preludios de Franz Liszt y la Tercera Sinfonía de Ludwig van Beethoven. El organismo ya reunía entonces a 103 profesores. Era el comienzo de una trayectoria de fundamental importancia para la cultura musical del país, y esa trayectoria no ha tenido un solo bache hasta llegar a los maduros tiempos actuales. No son tantas las orquestas que pueden vanagloriarse de semejante continuidad de recorrido. Ha sido el vehículo de más larga vida que ha tenido este país a nivel oficial, para imponer el gusto por la música sinfónica.” 
(Washington Roldán [1921-2001] del libro SODRE 70° Aniversario ).


Antiguo Teatro URQUIZA - primera sede del SODRE en la ciudad de Montevideo.



“In memoriam”

Hoy algo se ha quebrado.


La paupérrima temporada sinfónica de 2015 ha sorprendido a muchos. Se integra con unos pocos conciertos a razón de menos de uno solo por mes y hay grandes ausentes perpetuos... ¿Quiénes son?

Son nada menos que los compositores uruguayos. Siguen esperando, casi como de costumbre, la más anhelada oportunidad de todo creador, es decir, que el público pueda escuchar sus obras, saber que existen y quiénes son. Y éste no es un problema que se pueda desatender. Cuando el artista enfrenta dificultades puede ser que éstas le fortalezcan, pero la indiferencia destruye su personalidad.

Muchos años pasaron desde aquel lejano 1931, cuando ya en su primera presentación la OSSODRE incluía una obra de Eduardo Fabini. Hoy, en homenaje al insigne compositor uruguayo, la sala principal con capacidad para 2000 espectadores lleva su nombre, y en el concierto inaugural de dicha sala en 2009 se incluyó la “Fantasía para violín y orquesta", también de Fabini, con Amiram Ganz como solista. Pero, claro está, si otras obras del propio Fabini, y si las obras de muchos otros compositores uruguayos están obstinadamente excluídas del repertorio, el homenaje suena bastante hueco.

¿Se nos olvida alguien más?

Lamentablemente, así es. Estamos olvidándonos de los intérpretes nacionales quienes, a su vez, también suelen olvidarse de los compositores compatriotas en sus repertorios habituales... salvo contadas excepciones, es claro, pero siempre y cuando el SODRE les dé la oportunidad de presentarse algo más que una o dos veces al año.

La catástrofe

El incendio que el 18 de septiembre de 1971 provocó su cierre por casi 40 años. Poco antes de la inauguración del nuevo edificio, que sería el 21 de noviembre de 2009, Jorge Abondanza escribía en el diario El País en octubre de ese mismo año:

“Lo más triste es pensar ahora en que toda una generación de aficionados y especialistas, que constituyeron el público del Estudio Auditorio, ya se ha muerto sin poder ver el renacimiento de la sala y de sus múltiples funciones. Junto con ellos también se han muerto otras cosas cuya reconstrucción será tan difícil como la de esa sala”.

Posiblemente esas muertes sean una catástrofe mayor que el propio incendio. Resucitar la cultura es una tarea que depende de la consciencia que los directores del Instituto tengan acerca de la importancia y la misión que les toca desde los altos cargos que ocupan Deben abandonar la rutina y la ineficiencia que el Presidente Tabaré Vázquez aludió acertadamente cuando el actual edificio fuera inaugurado:

Edificio actual del SODRE
"Pasaron 38 años, desde el incendio de 1971... y desde que el esqueleto del edificio entró en esa suerte de catálogo arquitectónico de la ineficiencia, el abandono y la frustración del Estado uruguayo. Ahora, lo que resta como desafío es restablecer la actividad artística como nexo con la sociedad, porque la cultura no es ni la Cenicienta de los presupuestos, ni un adorno del desarrollo, ni la tilinga de la familia. La cultura es todo y para todos".


Es cierto: la cultura es todo y para todos, pero, a lo largo de las casi cuatro décadas parecerían haberse lanzado también al olvido algunos de los objetivos primordiales que tuvo la propia creación de la Institución. La Ley Nº 8557 del año 1929 fundó el Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica (S.O.D.R.E.) y encomendó, entre otras tareas, «crear escuelas y conservatorios», «adquirir y arrendar material fonográfico, teatral, cinematográfico, musical impreso o cualquier otro que se relacione con sus actividades», «editar catálogos, programas u otras publicaciones», «actuar individualmente o en conjuntos en los espectáculos o audiciones que realice o que contribuya a realizar así como en las escuelas o conservatorios que instituya». Todavía, la Ley 9638 del año 1936 ratifica, en su Artículo 3º, literal D, que se deben “crear y organizar escuelas y conservatorios para la preparación técnica del personal y difusión de la cultura”.

No hace falta pensar mucho: la Ley también encomienda al SODRE una labor educativa.

¿Qué se ha hecho – y qué se está haciendo – en ese sentido?


Esta pregunta es importante, porque involucra la creación de nuevos públicos para los espectáculos, aunque también sobreentiende el alto significado de la cultura expandida hacia el pueblo.

Hay dos aspectos a considerar, y que sea en sentido constructivo y no de mera crítica. Uno de ellos es acerca de la misión alusiva a los conservatorios. El otro aspecto es acerca de lo que podemos entender por “cultura”.

El SODRE nunca instituyó un conservatorio propiamente dicho hasta el día de hoy, aunque sí Escuelas según encomienda la Ley.  Sin embargo, un conservatorio musical es la institución por excelencia para formar no solamente músicos, sino también para promover y conservar la cultura musical directamente a partir de conceptos pedagógicos capaces de crear nuevos públicos.
Y en este punto, quien escribe estas líneas se siente particularmente involucrado para mencionar - sólo al pasar - un hecho debidamente documentado. El SODRE recibió en 2013 una propuesta para instituir un conservatorio con varios objetivos pedagógicos, pero, además, con miras a la divulgación de la música clásica organizando seminarios, concursos, conciertos y recitales a fin de lanzar nuevos intérpretes y compositores nacionales editando además grabaciones de calidad profesional. Tal propuesta fue hecha en vistas de aprovechar aún más los recursos tecnológicos y las características actuales de las instalaciones del SODRE y, naturalmente, observando lo que la Ley de creación del Organismo expresa respecto a los conservatorios. La respuesta del Consejo Directivo fue una comunicación escueta de rechazo a la propuesta sin más aclaración.

¿Y qué es la cultura?

Deliberadamente quiero evitar la polémica viva acerca de la llamada “diversidad cultural”. Solamente quiero subrayar un hecho facilísimo de comprobar: la música clásica (también llamada académica) es el género que menos oportunidades tiene de ser difundido. Entonces – y sin intención de hacer ningún juicio de valor comparativo respecto a músicos que cultivan variados estilos de la música popular – asusta ver cómo desde el máximo organismo oficial se contribuye a proseguir difundiendo lo que de sobra ya está difundido y se sigue difundiendo a través de la mass media.

Es decir, para la temporada del 2015 la programación del SODRE prevé la presentación de artistas como Maria Rita ('Coração a batucar'), Los Van V de Cuba, Julieta Venegas, y hasta un circo (Cirkus Cirkör -. Knitting peace), y el broche de oro será a Fin de Año: la Orquesta Juvenil se presentará con la intervención de Marihel Barboza, Lucas Sugo, Fabián “Fata” Delgado y Gerardo Nieto del grupo uruguayo “Los Fatales” de música tropical con influencia latina y fusión de candombe.

No se cuestiona la idoneidad ni el mérito de ninguno de estos artistas en sus propios géneros y estilos, por supuesto, pero la cuestión es sólo que... bueno, es lo que decíamos al principio: la Orquesta Sinfónica se presentará tan sólo seis veces en el año, los intérpretes nacionales casi no se ven, la temporada de ópera se conforma con solamente cuatro títulos, la temporada de ballet también tiene tan sólo cuatro títulos y la Orquesta Juvenil tendrá no más de ocho presentaciones, una de las cuales (la única) está dedicada a “Mi País” con compositores uruguayos.

¿Qué hace entonces el SODRE por la cultura musical? Por suerte funcionan las Escuelas de Formación Artística en sus tres divisiones (Ballet, Danza Contemporánea y Folclore) y la Escuela Nacional de Arte Lírico, porque quizá en un futuro algo cambie y, dicho sea en  honor a la verdad, con el esfuerzo incansable de los propios artistas a cargo de esas reparticiones. 

Es que no se trata de oponer “lo extranjero” a “lo nuestro”, como si fuesen enemigos irreconciliables. Al contrario, de lo que se trata de hacer un equilibrio razonable. ¿Qué sucedería si nuestro público tuviera exclusivamente la oportunidad de escuchar la música de los compositores uruguayos y casi nunca, o nunca, la de compositores de otras partes del mundo? Sin duda, cualquiera diría que eso no sería hacer cultura. Y bien, entonces lo contrario tampoco es hacer cultura.

GBZ